”Si bailas así es muy fácil provocar”, ”El alcohol los pone cachondos” o ”Si te vistes así… ¿Qué esperas?” son frases que seguimos escuchando para justificar al agresor y culpabilizar a la víctima, ya que parece la vía más fácil de afrontar, hoy en día, el acoso. Realmente, el problema se encuentra cuando todavía se sexualiza bailes como el dancehall hasta tal punto que no puedes ir a una fiesta y bailar como te apetezca porque sufrirás acoso.  ¿Y a qué nos referimos con acoso? Tocamientos, comentarios o simplemente el típico que no para de molestarte y ni te deja bailar tranquila. La cultura occidental todavía tiene cierto recelo para aceptar un baile como el dancehall donde las mujeres suelen mover partes del cuerpo como las nalgas o las caderas y hacen acrobacias.

En estos últimos meses se ha expandido un clima de acoso en las fiestas de dancehall hasta el punto de tener que hacer propaganda con el repetido mensaje feminista: No es no. La gran mayoría de casos se han producido en Boombastic Club (ahora Basement29 Club) debido a que, actualmente, es la fiesta de dancehall más conocida en la Ciudad Condal.

Así pues, el 5 de enero de 2018 (primera fiesta del año), fue una noche que marcó un antes y un después respecto al acoso en esta fiesta. Ese día se acordó reservar una zona para poder bailar los bailarines tranquilamente en un círculo (aunque era muy complicado) debido a la celebración de la nueva escuela Attitude Skool con la visita de la dancer alemana Isi Watch mi Step y su pareja Dj Delam, que estuvo pinchando en la fiesta. Sin embargo, apareció una ola de acosadores que estuvo molestando continuamente a las chicas que bailaban en la fiesta.

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El caso más impactante y que removió a todo el club fue el de Isi Watch mi Step: la bailarina hizo headtop (el pino con la cabeza) en medio de un círculo de dancers y, de repente, apareció un chico que la cogió por las piernas y la tiró al suelo. Esa fue la gota que colmó el vaso después de una noche de repetidos momentos de acoso y a la vista de todo el mundo. Además, justo antes del accidente, Ras Zohen de Nyahbingi Sound pidió respeto hacia las bailarinas desde la cabina. ‘’Podría haberse lesionado gravemente’’, asegura Paula Watagyal, una bailarina que estaba esa noche en la fiesta. Paula también tuvo que soportar varios momentos de acoso durante la noche: tocamientos continuos y varios chicos que no dejaron de molestarla  hasta el punto que decidió marcharse de la discoteca. Obviamente, se le quitaron la ganas de bailar y seguir en la fiesta.  Laura Roc, pionera en el panorama del dancehall de la ciudad, asegura que, tanto esa noche como otras veces, ha tenido que plantarle cara a varios chicos que han estado incomodándola a ella o a otras chicas.

Por experiencia propia, ese día era imposible bailar sin que nadie te molestara. Enfatizamos en ese día porque fue tan exagerada la situación que obligó a la discoteca a tomar medidas. Sin embargo, todas las noches en las que hay fiestas de dancehall, se viven experiencias de acoso. El caso de Isi también desató el movimiento #donttouchme (no me toques) en Instagram, iniciado por Aida Prima Cali del Colectivo Attitude, con una fotografía que muestra el poco respeto que hay hacia las bailarinas de dancehall cuando hacen headtop:aida

”Cuando subí esta foto, muchas chicas me contaron casos de acoso: a varias le lesionaron el cuello, a otra la clavícula, incluso a una chica le tiraron cerveza por encima mientras realizaba el Headtop” asegura Prima Cali. La profesora de dancehall también recibió comentarios negativos de chicos que opinan que estas situaciones son totalmente normales y se deben en gran parte a la forma de bailar de estas chicas y el vestuario; hasta el punto de decir que se comportan como ”putas”. ”Mi sorpresa es que los insultos vienen de chicos jóvenes, adolescentes que tienen como ejemplo a seguir a artistas como Little Pepe, Swan Fyahbwoy o Morodo con los que yo he trabajado y siempre me han respetado”, explica Aida. Muchas bailarinas y chicos del panorama del dancehall compartieron esta fotografía para visibilizar y dar apoyo para frenar esta problemática en las fiestas.

”Casi siempre que estoy haciendo wine o cualquier otro movimiento con el culo, sintiendome mujer y pasándolo bien, tengo algún baboso detrás o varios”, cuenta Saraf, ganadora del Dancehall Queen Contest 2017. La bailarina de Di Chicas asegura que situaciones como que te cojan del brazo para que bailes con ellos, o que se pongan detrás de tu culo sin permiso se repiten cada fin de semana . ”A veces les he tenido que decir cuatro o cinco veces que se vayan y me dejen tranquila, pero no hacen caso y al final tienes que enfadarte”. Saraf considera que últimamente hay más conciencia sobre el acoso, de forma que hay que decirles algo a aquellos que te molestan (siempre educadamente) e intentando hacerles pensar para que no vuelvan a hacerlo. La bailarina también propone poner más carteles anti-acoso en las fiestas y hacer posts en las redes con frases para concienciar.

Según Laura Rocestos casos han aumentado, concretamente en Boombastic, debido a la zona donde se encuentra el club: ‘’Hacer una fiesta en el centro de Barcelona implica encontrarse con gente que ni conoce ni respeta el dancehall’’. Pero, ¿Realmente solo acosan chicos que vienen por primera vez a una fiesta de dancehall? Sin embargo, han habido casos reiterados de chicos que asistían normalmente a esta fiesta, y que al final han tenido que vetarles la entrada.

Por otro lado, Aida Prima Cali  opina que existe una diferencia cultural en cuanto al concepto de fiesta: ‘’Aquí la gente sale de fiesta con la intención de emborracharse a más no poder y ligar con alguien, pensando que todo el mundo va a lo mismo, mientras que en Jamaica también beben y ligan pero hay un respeto muy importante hacia los bailarines’’. Así pues, sabemos que la cultura siempre juega un papel muy importante pero eso no significa que en la fiestas jamaiquinas no hayan acosadores; simplemente se respeta mucho más a las bailarinas dejándoles un espacio donde bailar sin interrupciones. Noe de la crew Bundem Squad remarca que en Jamaica se entiende la posición de la bailarina: ”Aunque la figura de la mujer en el dancehall está muy objetivizada y sexualizada, evidentemente, nunca van a pasar esa línea porque saben que esa bailarina está allí para representarse y ganar dinero.” 

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Jenny Madgyalganadora del Dancehall Queen Contest 2018, empezó a bailar dancehall con 14 años en Vilanova i la Geltrú (una pequeña ciudad del Garraf) y, aunque ella ya entendía bastante de qué se trataba el dancehall, tuvo que enfrentarse a su entorno más próximo; muy cerrado a la diferencia. ”Recuerdo que cuando subi mi primer vídeo bailando en Facebook, yo ya sabia que todo el mundo iba a hablar de ello, ya sea para bien o para mal. Al poco tiempo, gracias a una amiga me enteré de que había un grupo de chicos que hacían capturas de pantalla en mis vídeos cuando por ejemplo hacía posiciones como el six thirty y se lo pasaban entre ellos”, cuenta la bailarina de dancehall. ”¡Cómo te atreves a bailar así’!”, le decían hasta sus amigas. A pesar de vivir en este entorno con cierta presión social, Jenny no dejo de subir vídeos ni de ser ella misma. 

¿Qué tiene de malo que una mujer baile moviendo el culo? Pues este pensamiento negativo nace a raíz de un choque cultural con connotaciones negativas provocadas por el epicentrismo cultural, es decir, creer que todo lo diferente a nuestra forma de vivir es raro o está mal. ”Una gran cantidad de personas crece en una cultura y no ve más allá. Con la cultura occidental pasa mucho y además vivimos bajo la influencia de los medios de comunicación y de todas las modas que sexualizan extremadamente el culo”, remarca Jenny Madgyal

Dejamos claro que el problema de que haya acoso en las fiestas no es el dancehall sino el machismo que infecta a la sociedad de prejuicios. Según Noe Bundem, el problema principal es que la figura de la bailarina de dancehall  en nuestra escena de baile y fiesta no está entendida. ”Hay un problema de base en la sociedad que normaliza el acoso y que está educada en base a unos conceptos machistas. Por ejemplo, si una chica está bailando sensualmente o agresivamente, en tanga o en short, no es una invitación para que nadie se le acerque y la acose”. ‘’Nunca sabes cómo va a reaccionar la gente así que, antes de ponerte a bailar como una dancehall queen, te lo piensas dos veces’’ asegura Jenny Mad Gyal. La ropa siempre es uno de los temas más controvertidos; las Dancehall Queens llevan vestuarios muy extremados para asistir en las fiestas. Jenny Madgyal cuando va a Boombastic se pone ropa de este estilo pero, sin embargo, antes de salir de la discoteca se cambia porque no se atreve a salir con ese vestuario a la calle.

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A pesar de todo esto, tanto los organizadores de Boombastic como los de otras fiestas de reggae y dancehall (Canibal Apolo, Fort Pienc goes Reggae…) han tomado en consideración las quejas constantes de las chicas que han sufrido acoso en sus fiestas. Así pues, en varias fiestas han mostrado su apoyo con carteles anti-acoso que piden respeto hacia cualquier persona asistente a la fiesta y notifica la possibilidad de informar a los organizadores sobre cualquier situación de acoso que sufran en el evento. ”En la Sala Apolo nos han dado la oportunidad de dar más visibilidad a este tema y, además, desde la cabina siempre se insiste en respetar a las chicas que se encuentran en la fiesta”, explica Noe Bundem. 

El acoso y la sexualización de la mujer son problemas impregnados en nuestra sociedad; en las calles, en las fiestas y en cualquier parte del mundo. Aunque en Jamaica el machismo se encuentra tan presente como aquí, las Dancehall Queens y la sociedad jamaicana nos dan una lección tanto por la libertad personal de las bailarinas para expresar su sensualidad con el cuerpo, como por la aceptación de este baile; muy importante en la sociedad actual jamaicana por su peso cultural y su reconocimiento alrededor del mundo. Por lo tanto, este reportaje quiere dar voz a las mujeres y bailarinas de nuestro panorama del dancehall que exigen que se las respete como personas y como artistas. Sin olvidarnos que cualquier mujer tiene derecho a salir a la calle, bailar, beber y hacer lo que quiera sin miedo; el derecho a vivir en paz.