Sí compañeras, nuestros cuerpos siguen ofendiendo. Y determinadas partes, como en este caso el trasero, siguen vistas como un objeto sexual. Y es que todo lo sexual es ofensivo, malo, en pocas palabras: el sexo es un tabú en la cultura occidental. Pero, ¿verdad que nadie se ofende cuando ve un anuncio de chicas en ropa interior? ¿o cuando hacemos topless en la playa? La percepción de nuestro cuerpo en el espacio está totalmente construida; en determinados lugares es  ‘’normal’’ ver un cuerpo desnudo, mientras que en otras circunstancias unas nalgas pueden formar un escándalo. En la danza ocurre algo parecido: una bailarina de contemporáneo podrá enseñar el trasero y no será ofensivo es una danza de prestigio mientras que bailarinas de twerk y dancehall tienen que enfrentarse constantemente a prejuicios y restricciones sobre la ropa que deben ponerse cuando bailan en un espacio público.

Justo hace unos días tuve que negarme a bailar en un evento que estaba especialmente dedicado al dancehall porque la organización no quería que una de mis compañeras saliera con culotte, un intermedio entre braga y short que se utiliza en distintas danzas. Cinco minutos antes de que empezaran los shows, la organizadora se dirigió a mi compañera para decirle si podía taparse porque habían niños y mayores. No entendíamos qué problema podía generar llevar un culotte en una fiesta de dancehall, así que intentamos hacerle ver que no estaba mal, sino que era positivo romper con estos estigmas. Sin embargo, la organizadora lo dejó claro: ‘’No queremos cambiar la mentalidad de nadie’’. Entonces, ¿por qué se presenta ese evento como un espacio para combatir problemáticas sociales? por lo visto en vez de combatirlas las crearon. Cuando les argumentamos el hecho de que en Jamaica se baila así el dancehall queen, nos respondieron que no estábamos allí sino en Europa.

¿Y eso significa que no podemos bailar las danzas como lo hacen en sus países de origen porque nuestra visión es mejor? Este tipo de reflexiones son totalmente propias de un eurocentrismo que perpetúa con esa idea de que nosotras debemos transformar esa danza a los gustos de Occidente, invisibilizando su verdadera esencia porque probablemente sea mejor nuestra forma de enfocar el dancehall…. El dancehall nace del ghetto jamaicano, de lo urbano, de la calle misma. No es solo un baile o una música, sino una cultura urbana mediante la cual los jamaicanos de las clases más humildes han creado una identidad propia. Y las mujeres se han revolucionado a través del cuerpo para mostrar su sensualidad sin pudor; el sexo no es tabú para estos jamaicanos.

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Hablando desde mi experiencia como bailarina de dancehall y twerk, me encuentro constantemente con personas que no entienden porque movemos las nalgas o nos vestimos ‘’sexys’’. Entiendo que hablan desde la ignorancia, y es que hace varios años quizás yo también lo hubiera juzgado de otra forma. Sin embargo, antes de dar nuestra opinión deberíamos informarnos sobre el orígen de estas danzas. ¿Qué es para ti el baile? probablemente te imaginarás una bailarina de ballet o alguien bailando hip hop de competición. Probablemente tendrás una visión muy occidental de la danza. Pues en gran parte de las danzas afrodescendientes el trasero y las caderas son protagonistas porque concentran todo el movimiento; Samba, Soca, Mapouka, Dembow… Y ya puestos, en el dancehall o el daggarin podemos ver una representación del sexo en varias canciones y pasos de baile. No obstante, en Jamaica en la mismísima calle podemos ver a chicas bailando dancehall queen en bragas o parejas de hombres y mujeres bailando daggarin- una representación tanto teatral como bailada del sexo heterosexual delante de niños y mayores… ¡Qué escándalo! Pues para ellos, no es ninguna locura, sino que para estos menores la concepción del baile y del cuerpo se distancia mucho de la nuestraDesde que nacemos hasta que alcanzamos una edad lo suficientemente madura —según los parámetros de nuestra sociedad — se nos oculta el sexo y la desnudez de los cuerpos, como si un niño lo viera con la misma mirada que un adulto socialmente construido con ese tabú. Así pues, muchos niños no hablan nunca de sexo con sus familias y terminan haciéndose una idea del acto sexual a partir de la pornografía o los medios de comunicación.

A todo esto, añadir que los cuerpos de las mujeres en distintas culturas — no solo la occidental— se encuentran tapados porque se consideran un objeto preciado que solo deben mostrar al hombre indicado. Por eso, cuando una mujer exhibe su cuerpo públicamente, se la considera una fresca que destapa toda su exclusividad al mundo, ya no pertenece sólo al hombre que la consiga.

Justo una de mis compañeras de dancehall me contaba que cuando cursaba primaria en el colegio, una professora no la dejaba llevar una camiseta de tirantes porque decía que enseñaba demasiado y no podía ir así; ella no entendía porqué, solo era una niña que no sexualizaba los cuerpos. Probablemente, si hubiera sido un niño, la profesora no le hubiera reñido. Y así seguimos perpetuando una sociedad donde los cuerpos se verán atrapados en una serie de estigmas, y los culos de las mujeres seguirán tapándose en determinados espacios; no vaya a ser que nuestra naturaleza ofenda a alguien. 

Nora Muixí

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